Reliquia

Hacia mucho que no la miraba, su historia me dolía.

De crímenes

- Vamos, apúrense. La lluvia aún no llega, pero no nos esperará mucho más.
Ellos caminan, no voltean, lo sucedido queda atrás. La sangre de sus manos se limpiará en unos minutos.

Nunca nunca nunca

Nunca he intentado ser lo que esperas. Ni lo que buscas. Sin embargo, no lo soy pero aquí estoy.

Romper el silencio

Por la noche soñó con aires de libertad, riberas en el horizonte donde la mano extendida encontraba cobijo a la sombra de palmeras, aguas infinitas, aves que nunca descansan, humedad salada y tersa… Inmerso en la jungla, el concreto que le rodeaba lo atrapó de pronto, ni siquiera supo cómo despertó.

Se levantó con dificultad y caminó a tientas hacia el baño. El espejo inquisidor le da los buenos días, aunque él solamente piensa en romper el silencio. Estrella su frente contra el reflejo y de pronto todo sonido se disuelve.

La rosa

Esta rosa que te entrego mientras mi mano tiembla, la he traido de parte de mi madre. De su tumba.

Destino

Sí, acepto.

De regreso a la realidad

Y todos estos contratiempos se me pasarían. Hasta que llegó el día cuando alguien en la calle me dijo, en tono abrumador:  Estás jodido.

El amor

Empieza en la rodilla, con un cosquilleo singular que levanta un estremecimiento. Sube con una lentitud que recuerda los pasos ancianos que al sber el camino no se apresuran sino descubren en cada uno de ellos una riqueza sin igual.

Luego, el labio que acaricia el cuello. La sensación. El momento preciso para detenerse o seguir. Siguen…

El perdedor

Ahora ya caminaba con la cabeza baja entre las extensas sombras que las lámparas londinenses olvidan iluminar. Su rostro se perdía en el infinito, su mirada ausente y casi blanca, llena de asombro. Él ya no pertenecía a su cuerpo ni su cuerpo a él, y sólo se escuchaba un continuo murmullo que desde la otra acera pude percibir cómo se difuminaba lentamente a la distancia, mientras que se confundía con el rezo del cuarto del que había recien salido.

- “Nunca antes de tiempo, nunca antes de tiempo… nunca otra vez”

Sin infancia

Descubrió la bolsa guardada. Al ver en su interior no pudo más que entristecerse, llegada una edad, la infancia de uno cabe en una bolsa.

Y a veces, incluso en espacios menores.

Decirle adiós

Ignorado nuevamente, ya son tres veces que intento decirle, pero nunca puedo. Anda apurada con este viaje, no quiere olvidar nada como en otras ocasiones ha sucedido.

Le ayudo lo más que puedo, al final, cuando regrese no estaré.

La abuela

Sube las escaleras con dificultad, su rodilla aún le duele. El apoyabrazos se siente frío, sólo las pequeñas incrustaciones con madera salteadas hacen soportable el trayecto de los escalones. Mientras, un rayo de sol se cuela por la ventana, le rosa el rostro y con calidez singular le alienta a seguir, se siente tranquila.

Llega hasta el piso de arriba. Camina con decisión hasta la recámara. Tiene la puerta cerrada.

Unos sonidos extraños -pero no por eso desconocidos- le incitan a imaginar en niños, caminando y corriendo por toda la casa. Imagina, además, las manos sucias justo antes de la comida, los regaños y las recompensas, la palabra tierna, la mirada inocente y el beso de buenas noches. Todo el futuro.

Abre la puerta lentamente. Los ve, sonríe. Ellos no la vieron. Cierra cuidadosamente y se dice a sí misma: Pronto seré abuela.

Tiempo para saber si me necesitas

Dijo para sí: “A pesar de todo”

Y el silencio reinó.

La certeza

Nunca estuve seguro de querer cruzar al otro lado… al de las sonrisas e ilusiones… preferí quedarme en mi esquina… callado, obstinado, seguro… esperando el nuevo amanecer que acabara conmigo…

El abandonado

A la mañana siguiente se habían marchado. Cerró los ojos y recordó imágenes de su pasado. Una lágrima se desprendió.