Arrinconado

En este rincón no existes,
ni tu magia, ni tu coro,
ni el aroma a temeridad
(eternidad que navega lejos).
La lluvia lo borró todo.

No vivimos en esta esquina,
nuestra salvajez, libertinaje y distancia;
el abismo de colores,
seres etéreos.
Ni tu, ni yo, ni nadie.

Somos nada, sólo sombras,
abiertos por el pecho,
destazados, la sangre derramada.
Corazón ausente

Amor, no estamos,
ni tú, ni nadie.
Crimen consumado.
Culpable ninguno.

Es cierto, o tal vez no

Creo que es cierto lo que dicen, que uno tiende a olvidar conforme pasan los años. Uno lo aprende después de varias caídas y dolores diversos.

Lo que no entiendo es ¿por qué aún recuerdo mi muerte?

Encuentros

Por la mañana, antes que sirvieran el desayuno, salió al campo en compañía de su fiel amigo. Caminaron hasta que vieron el río y luego dieron vuelta a la izquierda, justo donde habían visto días trás aquella rana de colores con manchas azules. La rana ya no estaba, después de aquel encuentro ella se había marchado, sin embargo ellos tenían la esperanza de volverla a ver.

Corrió el día, el sol cayó. Al final comprendieron que esas cosas pasan una vez en la vida y ya nada podía hacer. Lo mismo le pasó cuando la conoció a ella.

Él y nosotros

Viendo al moribundo en su camastro, atado del alma, a punto del abismo, uno piensa en la vida. En los momentos e instantes que la llenan, en las ausencias que aún se sienten entre costilla y costilla, ese despertar con ella al lado… piensa en tantas cosas… piensa, pero poco cambia. Él morirá, y nosotros también.

Eso sí me molestó

Anwar at Deviantart

Usualmente no me importaría que a las dos de la tarde, justo cuando iba subiendo saturado al autobús, alguien me hablara. Saludaría, aún con prisa, por compromiso. Es común, ven tu rostro a lo lejos y sólo para corroborarlo lanzan al aire una sarta de letras que entiendes como tuyas, las agrupas y ordenas a placer hasta encontrarte ahí mismo… entre el aire, regresando el grito como quien aspira vida del aire, pero no.

Sin embargo, que me llamaran antes de ingresar por la puerta de adelante de ese viejo y sucio autobús, y que con ello la dama de atrás tropezara con el escalón y vertiera su café desechable sobre mi brazo y libretas, manchándolas y quemando la piel de mi mano, provocando así que las soltara, cayeran al suelo -enlodado por tanta lluvia en estos últimos días- y se escapara de entre las páginas un sobre sutilmente decorado con tu nombre y el mío enmarcado con muchos corazones en tinta azul -no tenía roja- como preámbulo al contenido sentimental largamente meditado donde vertía una a una palabras de mi cariño infinito hacia a ti, palabras que hasta yo mismo me desconocí y que planeaba entregártela en persona 15 minutos después… ¡eso sí me molestó!