Empieza en la rodilla, con un cosquilleo singular que levanta un estremecimiento. Sube con una lentitud que recuerda los pasos ancianos que al sber el camino no se apresuran sino descubren en cada uno de ellos una riqueza sin igual.
Luego, el labio que acaricia el cuello. La sensación. El momento preciso para detenerse o seguir. Siguen…