Yo nací en invierno.
Los días de octubre también, a veces, son invierno.

Mis manos debieron tocar la nieve en los primeros días, cuando el sol no se asomó y sólo un gélido susurro nos crispaba en la piel.

Nací en medio de una tormenta, de un abismo, de nieve. Por eso mi cuerpo es frío, como nieve. A veces veo en mi piel diminutos cristales de nieve, a veces veo lo que se me antoja.

Mis ojos ven blancos paisajes, aún en verano, de quizás mi nacimiento o brillos que la memoria evoca. Vi nieve, mi cuerpo la reconoce, la oye, la llama… cuando no está la extraño.

Yo nací en invierno. Con soledad gélida por compañía. Con frío en los huesos.
Tanto frío que a veces duele.

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