Autodividirse

Media mitad de mí se esconde
en las escamas de mi tiempo,
del tiempo.

Media mitad la esconde la gente
en los libros de historia natural
ahí
donde nadie la lee.

Media mitad del tiempo es amor,
ternura,
comprensión;
todo lo perdido,
lo lejano.

La otra media mitad de todo
te busca
y
no te encuentra.

Anuncios

Paisaje desagarrador

Dormido te veo
despierto de sueño.
Respiras, expiro.
Palpita tu corazón y combates.

Dormimos como felinos cansados,
bajo el manto de la luna
clavando mis dientes en tu piel
y tu garra en mi corazón.

Nieve

Yo nací en invierno.
Los días de octubre también, a veces, son invierno.

Mis manos debieron tocar la nieve en los primeros días, cuando el sol no se asomó y sólo un gélido susurro nos crispaba en la piel.

Nací en medio de una tormenta, de un abismo, de nieve. Por eso mi cuerpo es frío, como nieve. A veces veo en mi piel diminutos cristales de nieve, a veces veo lo que se me antoja.

Mis ojos ven blancos paisajes, aún en verano, de quizás mi nacimiento o brillos que la memoria evoca. Vi nieve, mi cuerpo la reconoce, la oye, la llama… cuando no está la extraño.

Yo nací en invierno. Con soledad gélida por compañía. Con frío en los huesos.
Tanto frío que a veces duele.

Trastocado

Cansado de sacar clavos con clavos
decidí dejar que ahí se oxidaran
olvidados y atascados
doliendo en las hebras de la piel
siendo lastre y ancla
de esto que llamo cuerpo
esto que llamo jaula y prisión
lo que soy y a veces no

Cansado de cortar pétalos
de indefensas flores
coleccioné palabras
de locos poetas y soñadores
y las ideas
tuyas mías
ahora revueltas
ni tan tuyas
y nunca mías

Y como siempre acordamos todo
uno pondrá el límite
el otro el irrefutable final

Juegos

Cuando juego
a olvidarte
quemo tus cartas
y tus ojos
con los que me ausentas
constantemente

Tu boca que aún guardo;
aunque entre tanto recuerdo
se enmaraña fácilmente

Cuando juego
intento olvidar
morir joven
desterrarte
sin pena ni gloria

Descansar
y no molestarte

Extraña sensación

Que sensación tan extraña,
sentir como si dobláramos las nubes
y guardáramos el atardecer
en un sobre de áspera textura.
Como sí las huellas sobre la arena del mar
se volvieran de pronto eternas.

Qué vaga sensación de locura,
de pesadez, tonta ilusión.
La mano que de pronto nos suelta
y a la intemperie empezamos la caída
con alas inmaduras lista para el otoño.

Porque a veces las sensaciones son destellos,
celosos y egoístas, propios de sí,
nada cabe en el asombro de sus ojos,
nada ofrecen al recuerdo, sólo lejanía.

Y mientras tanto, guardamos todo,
el corazón y la ternura,
como la función que ha terminado,
el oleaje que flota sobre nubes,
la espuma escurre por las huellas de la piel
y poco a poco la extraña sensación
se materializa en tu ausencia.