Trastocado

Cansado de sacar clavos con clavos
decidí dejar que ahí se oxidaran
olvidados y atascados
doliendo en las hebras de la piel
siendo lastre y ancla
de esto que llamo cuerpo
esto que llamo jaula y prisión
lo que soy y a veces no

Cansado de cortar pétalos
de indefensas flores
coleccioné palabras
de locos poetas y soñadores
y las ideas
tuyas mías
ahora revueltas
ni tan tuyas
y nunca mías

Y como siempre acordamos todo
uno pondrá el límite
el otro el irrefutable final

Sin querer

Cualquier día te despiertas, sucio y olvidado en un mausoleo. Abres la puerta, es un día maravilloso, es de mañana y las mariposas burlonas se ríen de quien eres y de lo imposible que pareces. Das un paso afuera y todo alrededor sopla colores al aire, los mosquitos matinales como pinceles decoran erráticamente cuanto se alcanza a ver.

Tomas una rosa, de esas trilladas en los maceteros de los que descansan, la deshojas pensando en quizás y tal vez, y nada, los pétalos caen al suelo en forma de lágrimas, un ruido a vidrio despedazándose se escucha cuando impactan el piso.

Agobiado te sientas sobre la loza del vecino, lo maldices mil veces y perdonas sus impronunciables pecados. Te saturas de esa atmósfera sofocantemente colorida, te duelen los ojos, los lloras y cansado un suspiro se te escapa sin saber esa añoranza qué camino tendré.

Cualquier día te levantas y crees volver a vivir, pero algo te falta, ya nada existe, sólo las imágenes en los recuerdos que incitan a volver a un mundo que nunca conociste. Y todo, sin querer.

Juegos

Cuando juego
a olvidarte
quemo tus cartas
y tus ojos
con los que me ausentas
constantemente

Tu boca que aún guardo;
aunque entre tanto recuerdo
se enmaraña fácilmente

Cuando juego
intento olvidar
morir joven
desterrarte
sin pena ni gloria

Descansar
y no molestarte

Extraña sensación

Que sensación tan extraña,
sentir como si dobláramos las nubes
y guardáramos el atardecer
en un sobre de áspera textura.
Como sí las huellas sobre la arena del mar
se volvieran de pronto eternas.

Qué vaga sensación de locura,
de pesadez, tonta ilusión.
La mano que de pronto nos suelta
y a la intemperie empezamos la caída
con alas inmaduras lista para el otoño.

Porque a veces las sensaciones son destellos,
celosos y egoístas, propios de sí,
nada cabe en el asombro de sus ojos,
nada ofrecen al recuerdo, sólo lejanía.

Y mientras tanto, guardamos todo,
el corazón y la ternura,
como la función que ha terminado,
el oleaje que flota sobre nubes,
la espuma escurre por las huellas de la piel
y poco a poco la extraña sensación
se materializa en tu ausencia.